jueves, 7 de febrero de 2019

La casta triunfó en Paiján

Exigente, por brava y encastada la corrida que lidió el último martes en Paiján la ganadería Puerto San Luis, con un torero llamado Cristóbal Pardo que deslumbró por su poderío y buenas maneras. 

(Desde Paiján, Ascope, La libertad, Juan Medrano Chavarría)


Famoso por sus incomparables puestas de sol y por ser uno de los emporios nacionales más importantes del Caballo de Paso Peruano, y hábitat casi natural de ganaderías de bravo que florecen muy cerca a la marisma, esta ciudad norteña enclavada a pocos kilómetros de Trujillo celebró por estos días su fiesta patronal en honor al Señor de los Milagros…

Esta vez su tradicional corrida tuvo como novedad el debut de la ganadería Puerto San Luis, propiedad del señor Henrry Caballero, que pasta en aquellos predios y cuya vacada fue fundada hace escasamente dos años con vientres y un semental de Apóstol Santiago procedencia La Ahumada, y posteriormente con la importación de vacas españolas de Montalvo, procedencia Juan Pedro Domecq, añadiéndole con ulterioridad otra punta de vientres y sementales puro español de doña Mercedes Pérez -Tabernero Montalvo, procedencia Jandilla y Daniel Ruiz. 

El festejo congregó una buena cantidad de aficionados paijaneros y trujillanos. Pasadas las cuatro de la tarde los graderíos del añejo coso de adobe estaban prácticamente copados. Tras el paseíllo un buen grupo de jóvenes aficionados agrupados en peñas y colectivos desfilaron exhibiendo pancartas en defensa de la fiesta. El primero de la tarde, algo terciado pero de salida vivaz y correosa -claro preludio de lo que vendría después- fue para Freddy Villafuerte, que se esmeró con el capote logrando algunos lances acoplándose a la embestida del animal. Tras el puyazo de rigor que lo tomó con raza, el bicho se movió con nervio pero no sobrado de clase. Villafuerte hizo el esfuerzo por el lado derecho logrando hilvanar uno que otro muletazo hasta que fue a por la tizona y escuchó palmas. 

El que saltó 2° fue un toro hecho y de bravura desbordante que hizo honor a su casta peleando y empujando con la cara abajo en el caballo, creciéndose al castigo. En banderillas sembró miedo y los de plata lo pensaron mucho, de tal modo que tras este intrascendente tercio el animal medio se creía dueño de la plaza. Cerraron al toro en los burladeros de sol y citando con torería, Pardo se dobló magistralmente regalando al aficionado bueno cuatro doblones pletóricos de poder, muleta abajo, mandando él con valor sereno y llevando toreadísimo al encastado animal. La gente lo jaleó prodigándose en aplausos y disfrutando de este grandioso arranque de faena. 

De allí para adelante el poder ya no lo tenía el toro, sino el torero. Pero había que hacer las cosas bien, pues aquellos 400 kilos y más de carne apretada y amenazante estaban allí para convertir en cornada cualquier atisbo de duda. El caldense cita con verdad y le echa la muleta con la mano derecha, con pasmo y relajado; y aunque los muletazos no son en toda la extensión, se gusta, adorna y compone la figura muy toreramente. Por el otro pitón parece que el toro va algo más largo y el torero le deja la muleta muerta al final, recogiendo la embestida y adosando las series con molinetes y un pase afarolado, antes de pinchar arriba y cobrar una estocada en buen sitio que le valieron las dos orejas a ley del encastado animal. 

El 3° fue otro que traía carbón, hecho y con patas que nomás de salida asustó a la concurrencia y a los profesionales. Le tocó al venezolano Fabio Castañeda, que con excesiva prudencia le echa el capote por arriba, yéndose para atrás y avivando la fiereza corrupia y salvaje del bicho, en vez de domeñar por abajo, echando las bambas por fuera, brazos extendidos para hacer más larga la tela, con sitio, para romper el cuello y los arrestos del bravo. 

El toro toma una buena vara, arrea al montado y de allí vemos un auténtico herradero, con El Andi achuchado y magullado y el toro dueño de la situación. Y apareció otra vez Cristóbal Pardo para ordenar la lidia y echarle el capote al toro, con naturalidad, por abajo y dejándolo ver presto y claro para la lidia del diestro venezolano. Lo que vino después fue la bronca del público. Fabio no lo vio claro, prefirió escuchar los tres avisos a jugarse el pellejo y el toro fue devuelto vivo a los corrales. 

El último fue un toro albahío de hermosa lámina que salió incierto y despertó tras los picotazos del joven Joseph. Mansito corretón que no traía maldad pero sí poder y casta porque era un toro con toda la barba. También sembró pavor y Pardo volvió a poner paños fríos al alboroto. El animal tenía pases pero había que intentar ponerse y mandarle, cosa que al parecer su lidiador, el español David Fernández, que días antes se había presentado en Sócota, no tenía intenciones de hacerlo. De tal forma que tras arrollar contra la valla al valiente Tachuela al salir de un par de banderillas, el bonito se aburrió tapándose y haciéndole la higa a su lidiador, que tampoco pudo devolverle el piropo, quedando la cosa en nada. 

Quedó claro que hubo casta pero faltó oficio a los toreros. Nadie se aburrió en la plaza porque los toros pusieron la cuota de emoción y peligro, inherentes a esta fiesta que debemos defender en toda su pureza. Nuestro enhorabuena al señor ganadero por el exitoso debut de los toros de Puerto San Luis

Ficha. Martes día 5 de febrero de 2019. Tarde nublada pero calurosa, plaza llena. Se lidiaron cuatro astados de la ganadería Puerto San Luis, divisa verde y blanco, bien presentados y encastados. Resultado Artístico: Freddy Villafuerte (Luto y Oro) Tres cuartos de estocada delantera, palmas. Cristóbal Pardo (Berenjena y Oro) Pinchazo y estocada entera, dos orejas. Fabio Castañeda (Luto y Oro) Tres avisos. David Fernández (Grana y Oro) Pinchazo y estocada caída, silencio. 


 El caballo peruano de paso, orgullo paijanero, en los prolegómenos del festejo en honor al Señor de los Milagros...

 Y el paseíllo, con cuatro toreros de alternativa y Freddy Villafuerte como único espada nacional.

 Tras el desfile, aficionados paijaneros se hicieron presente para defender el derecho a sus tradiciones.

 El 1° fue para Freddy Villafuerte, que aunque algo terciado, tuvo motor y nervio. El limeño cumplió resolviendo y haciendo el esfuerzo ante la poca clase del bicho.

 El 2°, uno de los más bravos de la corrida, fue para el caldense Cristóbal Pardo, que se dobló como un pachá del toreo para quebrantar los arrestos del animal...

 Desengañándolo pronto para mandar él...

 Y hacer el toreo bueno sobre ambas manos, adornándose con mucha torería...

Y triunfando clamorosamente por partida doble. 

El 3° fue otro toro bravo que asustó a machos y a muchos... 

 Que arremetió contra la cabalgadura del buen Joseph empujando por abajo y metiendo los riñones. Lástima que nadie se atrevió y fue devuelto vivo a corrales.

 El 4° fue un bonito albahío que manseó en varas pero tuvo poder y sobre todo lidia...

 Tampoco lo quisieron ver y tras zarandear al valiente Tachuela...

El español David Fernández se le puso delante y apenas pudo tocarle los lados antes de pasaportarlo.