sábado, 16 de enero de 2016

EL CID ARRANCA UNA OREJA EN PUENTE PIEDRA

A la corrida asistieron unas 2.400 personas; la mayoría de Bogotá. Capotes al vuelo del hispano El Cid, el colombiano Manuel Libardo, el peruano Andrés Roca Rey y los hombres de sus cuadrillas, y salió el primer toro de Mondoñedo, la ganadería pionera de la fiesta brava en Colombia, que no negó su historia.

(Por: Luis Noé Ochoa / Foto: Néstor Gómez)

Diestro peruano Andrés Roca Rey 

En la pequeña plaza Marruecos, en Puente Piedra, Cundinamarca, había ayer todo el ambiente taurino de una feria grande. Y con plaza llena de afición, especialmente de Bogotá, se hizo el paseíllo y hubo un minuto de silencio, que siempre es eterno, pero rematado por un olé a 2.400 voces armónicas, que se debió oír hasta el cielo. “Que emocionante esto, pero cómo extraño mi Santamaría”, dijo una aficionada.

Capotes al vuelo del hispano El Cid, el colombiano Manuel Libardo, el peruano Andrés Roca Rey y los hombres de sus cuadrillas, y salió el primer toro de Mondoñedo, la ganadería pionera de la fiesta brava en Colombia, que no negó su historia.

Porque Mondoñedo envió un encierro bien presentado, serio, con edad, que en general tuvo movilidad y casta. Sobre todo, tuvieron calidad y pusieron la carne al fuego en los caballos. Uno de ellos de vuelta al ruedo, al que le faltó compañero para el baile.

El brindis de El Cid, que no tuvo toro en el capote, fue un gesto de gratitud a la afición por mantener la fiesta. Y en los medios de la plaza, con oficio, ante un toro que embestía a media altura, logró arrancar tandas por derecha con limpieza. Por la izquierda el animal era negado. No había más cómo. Así que lo mandó para la llama ardiente de media y estocada.

Lo de su segundo, un castaño quemao, fue guerra a muerte. Porque tenía un toro bien armado, calamocheador y áspero. Si no había mucho arte en los derechazos, aunque logró un par de tandas toreras, había poder, decisión y valor. Y lo sometió. Y, así es que se hace sonar la música y si se mata bien, eso vale una ovación y una oreja. Se las llevó El Cid después de un estocadón.

Manuel Libardo, toreó, inicialmente, a Gitanito. Un bello toro, de 486 kilos, bravo, fijo, noble, que quiso dejar las orejas en la plaza. Y Manuel pudo lograrlo si sigue por el camino del capote y de la primera tanda de muleta. Pero después se perdió. Ya desbordado, no logró volver jamás. Mató al tercer intento, luego de un aviso. Pero Gitanito había mostrado que merecía una vuelta al ruedo. Se la dieron. Que hermoso es ver un toro bravo, enrazado. Y qué difícil torearlos.

Salió con garbo en su segundo Manuel. Y lució en lances por verónicas e hizo un quite por chicuelinas. Y estuvo reposado y porfiador ante un toro que no se empleaba mucho. Mató de un espadazo.

Una figura del toreo

Roca Rey es un torero serio y con clase. A los 19 años torea con paciencia y arte. Variado en la capa, lanceó ayer a pies juntos a su primer astado y remató con media, desmayada, de viejo torero. E hizo un quite por tafalleras, chicuelinas y demás, que puso a vibrar a la afición. Ante un toro bajo de revoluciones pegó derechazos lentos, arrastrando la muleta. El secreto fue pisarle los terrenos y dejarle el trapo en la cara. Ya hecho hasta lo imposible, mató de tres cuartos de espada en buen sitio y saludó en los medios.

Tendría las dos orejas en la maleta si mata bien al segundo, un animal noble, al que lanceó por verónicas cargando la suerte, como poco se hace, y por apretadas chicuelinas. Porque se los pasa cerca. Y un quite de verónicas, caleserinas y otros dibujos. La faena, comenzada con ayudados a pies juntos, tuvo el sello de la lentitud en las series, rematadas con los pases de pecho, por derecha y al natural. Y finalizó con luquesinas, esos cambios de mano para pasarse al toro por delante y por detrás, del mismo modo y sentido contrario, como se dice, como en una danza ensayada. Y como mata casi sin preparar la suerte, dejó una espada tendida y necesitó descabellar. Sonaron dos avisos.